Adivinó mi colonia a la primera. Con un despreocupado “mmm, hueles a…” se me acerco al cuello, para despues continuar con un “me encanta“. Me miraba de vez en cuando, no mas que a los demas presentes, ni menos tampoco. Haciamos el tonto, como todos, me hablaba muy cerca de la cara por la musica demasiado alta, como tantas otras veces. Aunque a mi me parecia que esta vez se aproximaba quizas un poco mas de lo normal. Un inperceptible milimetro mas que marcaba la diferencia entre la proximidad necesaria y la deseada. Me abrazo un par de veces y dijo algo que no llgue a entender cerca de mi oido, a lo que yo asenti sonriendo como si con sus palabras hubiese descubierto algo nuevo.
La hubiera besado en tantas ocasiones…

Al llegar a casa, y mientras ella seguia recorriendo las calles de Madrid con sus abrazos y sus miradas, la bese por fin sin que lo llegara a saber, entre las frias sabanas de mi cama que no alcanzaran a conocerla.

Los peces tienen tan solo tres segundos de memoria.
Si un pez te besa una noche al volver a dar la vuelta a la pecera ya no lo recordará. Todo sera nuevo, como si volviera a verte por primera vez.
Si un pez te besa una noche, no tendrá que pensar si tu corresponderas o no a su beso, porque de no ser asi en tres segundos todo habra pasado y no quedaria tiempo para llorar por ti…