12 Jun
Cuando era pequeña tenia una amiga, Isabel.
Eramos vecinas, nuestras terrazas estaban separadas solo por una pared de cristal esmerilado con una pequeña rendija con barrotes en el centroy alli nos pasabamos las dos horas y horas jugando atraves de aquel muro translucido, pasandonos los jugetes atraves de la pequeña abertura compartiendo incluso la merienda, yo le daba mis membrillos y ella me daba sus quesitos. Eramos inseparables, siempre saliamos a jugar a la misma hora aunque no lo hubieramos preparado, habia algo, habia entendimiento.
Un buen dia sus padres se mudaron a una casa mas grande en otro bloque dos calles mas abajo y dejamos de vernos. Recuerdo que entonces le pregunte a mi madre que porque se habia ido Isabel y ella me dijo que a veces las cosas son asi. Y alli me quede yo sin nadie a quien darle mis membrillos o a quien pedir el lapiz verde cuando se gastaba el mio.
Poco a poco nos distanciamos, crecimos, fuimos a colegios distintos, y aunque a veces nos cruzabamos en el parque del barrio las cosa ya no era lo mismo.
Asi poco a poco deje de verla yo hice mi vida y ella la suya, aunque a veces me acordaba de esas cosas cuando salia a a la terraza y miraba al otro lado por la pequeña rendija… Asi fue, hasta ante ayer.
Anteayer Isabel se suicido, salto desde su terraza.
Ahora pienso que tal vez lo que nos paso a ella y a mi fue que el muro de cristal translucido se fue haciendo cada vez mas opaco, y la pequeña rendija se fue cerrando hasta que un dia ya no pudimos vernos la una a la otra a traves de el, y que quiza le paso lo mismo con otra gente, con su hermano, con sus padres…
No puedo saberlo, no sabre nunca lo que la impulso a saltar, pero lo que si se esque me hubiera gustado estar a su lado y volver a compartir mi membrillo con ella y tal vez hacerla ver que las cosas nunca son tan negras como pensamos que son.
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